Durante décadas se repitió que los dinosaurios, como animales enormes y “reptiles”, debían vivir cientos de años. La ciencia moderna ha dado una respuesta mucho más interesante: vidas sorprendentemente cortas e intensas.
Cómo se calcula la edad de un fósil
Los huesos de dinosaurio guardan anillos de crecimiento, como los troncos de los árboles: cada año de vida deja una línea. Contándolas (la técnica se llama esqueletocronología), los paleontólogos pueden estimar a qué edad murió el animal y a qué ritmo creció cada año de su vida.
El T-Rex: una vida al límite
Los tiranosaurios mejor estudiados murieron alrededor de los 28-30 años, y ningún ejemplar conocido parece haber superado con claridad esa cifra. Lo asombroso es el ritmo: en la adolescencia, un T-Rex podía ganar cientos de kilos por año hasta alcanzar sus 8-9 toneladas. Crecer así de rápido y vivir cazando pasa factura. Más sobre el rey en ¿qué comía un T-Rex? y cuánto mide un T-Rex.
Los gigantes: décadas, no siglos
Los saurópodos —los cuellilargos de 20 o 30 metros— son los candidatos a vivir más, y aun así las estimaciones hablan de varias décadas: quizá 40, 50 o algo más en los casos más longevos. Nada de siglos. Alcanzaban su tamaño colosal no por vivir muchísimo, sino por crecer a velocidad récord, como te contamos en los dinosaurios más grandes que existieron.
Los pequeños: vidas de pájaro
Los dinosaurios pequeños, de metabolismo acelerado, vivían menos: estimaciones de 10-20 años para muchas especies medianas, y menos aún para las más menudas. La regla general del reino animal se cumplía también entonces: a mayor tamaño, vida más larga.
¿Y por qué se creía que vivían siglos?
Era un cálculo razonable… con la ciencia de hace un siglo: se les suponía reptiles de sangre fría y crecimiento lentísimo, así que llegar a 30 metros exigía siglos. Al descubrirse su crecimiento rápido (te lo contamos en ¿sangre fría o caliente?), las cuentas cambiaron por completo.
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