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¿Cómo sonaban los dinosaurios? Ciencia contra cine

Publicado el 11 de junio de 2026

Cierra los ojos y piensa en un dinosaurio. Seguro que has “oído” un rugido atronador, como el del cine. Pues bien: ese rugido es, casi con seguridad, un invento. La realidad científica es más sorprendente.

El problema: el sonido no se fosiliza

Los huesos se conservan, pero las cuerdas vocales y los tejidos blandos que producen el sonido, no. Por eso los científicos no pueden “escuchar” un dinosaurio directamente: tienen que deducir cómo sonaba a partir de sus parientes vivos y de la forma de su cuerpo.

Las pistas: aves y cocodrilos

Los dinosaurios tienen dos grupos de parientes vivos que nos dan pistas:

  • Las aves, que son literalmente dinosaurios modernos.
  • Los cocodrilos, sus primos lejanos.

¿Y cómo suenan estos? No rugen como un león. Las aves grandes (como el avestruz o el casuario) emiten bramidos graves y retumbantes, muchos con la boca cerrada. Los cocodrilos hacen sonidos profundos que vibran en el agua. Así que es probable que muchos dinosaurios sonaran así: graves, vibrantes, casi sentidos más que oídos, en lugar del rugido agudo del cine.

Los que sí tenían “instrumento”: el Parasaurolophus

Hay un caso especial y fascinante: el Parasaurolophus, un herbívoro con una cresta tubular de más de un metro. Esa cresta funcionaba como una caja de resonancia: los científicos han recreado por ordenador el sonido que podría producir, y suena como un trombón grave y profundo.

Eso significa que algunos dinosaurios usaban el sonido para comunicarse a distancia, llamar a la manada o atraer pareja. Lo contamos en la ficha del Parasaurolophus animatrónico.

Entonces, ¿por qué rugen en el cine?

Por emoción. Un bramido de avestruz no asusta en una sala de cine. Los estudios mezclan sonidos de leones, elefantes, tigres y otros animales para crear ese rugido inolvidable. Es ficción, pero ficción muy bien hecha.

En las exposiciones

Las figuras animatrónicas siguen la convención del cine —rugen, porque es lo que el público espera y disfruta—, pero son una oportunidad estupenda para contar la verdad científica en un panel: “esto que oyes es de película; de verdad, sonaba más como un ave gigante”. Une diversión y aprendizaje.

En resumen

No sabemos con certeza cómo sonaban los dinosaurios, pero las aves y los cocodrilos sugieren sonidos graves y vibrantes, no el rugido del cine. Y algunos, como el Parasaurolophus, llevaban su propio instrumento incorporado. La realidad, una vez más, es tan interesante como la ficción.


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